Un pequeño homenaje para un ser humano especial...
La avenida estaba llena de gentes que corrían como hormigas locas de un lado a otro como cualquier otra mañana a esa hora. Las paradas de los autobuses, como siempre, abarrotadas de personas; y la entrada de la academia militar era un mar de estudiantes y profesores vestidos con sus impecables uniformes.
Sin embargo, aquel día no sería igual a las demás; faltaba alguien tan genuino y singular, que no sería posible para persona alguna ignorar su ausencia.
Durante más de cincuenta años, aquel hombre, de sonrisa inconfundible, con sus historias increíbles, había alegrado la vida de aquella esquina al mismo tiempo que pulía todo el calzado de los miembros de la academia militar y de cuanto transeúnte pasara cerca de su viejo sillón de limpiabotas hecho de madera y pintado de verde.
Aquel hombre que había sobrevivo a la Segunda Guerra Mundial al nacer en Latinoamérica, enfrentado la discriminación por ser hijo de emigrantes judíos y minusválido; y desafiado a su cuerpo herido por una terrible enfermedad había partido hacia el mundo de luz.
Fuente: ATNA
Desde aquella mañana ya no estaría más sentado en su esquina habitual, ya no lo esperarían sus clientes antes de entrar a la academia militar quienes no verían más su peculiar andar al compás de sus bastones o el crujir de su sillón de ruedas.
Su cuerpo estaba inmóvil para siempre, la enfermedad había vencido finalmente a sus ganas de vivir, la muerte había sido más poderosa que las guerras humanas, que el desamor, la soledad o la ausencia…
Se había ido, se había ido a un lugar donde no podemos verlo u oírlo, donde no se necesitan sus servicios como limpiabotas o sus relatos al anochecer, al lugar sin sombras ni amaneceres y sin los alumnos de la academia militar contigua.
No obstante, su historia, su voz y su delgada figura quedarían siempre en aquella populosa esquina de la céntrica avenida y en las mentes de todos los asiduos transeúntes que aquella mañana, pese a locura cotidiana, habían tenido un instante para pensar en él.
(23 de Noviembre de 1876, Cadíz, España - 14 de Noviembre de 1946, Córdoba, Argentina)
Su música fué una de mis fuentes de inspiración durante mi infancia y adolescencia...
Fuente: Google
Esa noche, no pudo suponer que cambiaría su vida para siempre. Noche de un frío invierno en esa ciudad tan lejana de la suya natal. Antonio, entre toda aquella gente tan distante en costumbres e idioma de su Colombia.
Había comprado una entrada para la única función de un grupo de danza española que se encontraba en la ciudad, y pensó, que por lo menos escucharía una música cercana a las raíces de sus padres y abuelos. Así, llegó al teatro, entró, las luces se apagaron y la función dio comienzo.
Se trataba de una versión moderna del ballet "Amor Brujo" cuya música siempre había sido algo especial para él porque tenía el poder de transportarlo mentalmente a tierras lejanas y antiguas.
Fuente: ATNA
Comenzó la representación al compás de aquella melodía tan especial para este joven latinoamericano que estudiaba derecho en Londres. De repente, la bailarina iluminó el escenario.
Al compás de la Danza del Fuego; ella, le resultaba tan parecida a su Vero, su dulce Verónica; aquella novia gitana que muriera entre sus brazos una tarde lluviosa hacía tantos años.
Se levantó de la butaca inmediatamente y caminó raudo hacia los vestidores. Mientras lo hacía, se preguntaba todo el tiempo:
¿Cómo es posible tanto parecido…? Sus ojos, sus labios, su forma de bailar, tienen que ser una coincidencia… ¿Serán familia…? Estas familias son largas…muy largas…
Abrumado con estos pensamientos, llegó hasta los vestidores mientras la música daba sus últimos compases y la bailarina caía rendida por el fuego.
Esperó a que terminaran los aplausos del público y cuando ella salía del escenario, la interceptó:
- Perdone, Srta. Ud. no me conoce, pero debo preguntarle algo. Será Ud., por casualidad, familia de…
Ella, dulcemente, y con una voz melodiosa le contestó:
- No, Antonio, no soy familia, soy Vero, tu Verónica….
ANA ALASHistorias en blanco y negro. "Vengo...de un largo lagarto verde". Haifa, 2009
La vida suele ser un proceso en espiral sujeto a leyes dialécticas bastante estrictas.
En cada vuelta de dicha espiral se debe llegar a un punto cualitativamente superior; pero, sucede que no todos los seres humanos lo alcanzan de forma satisfactoria, existiendo un porciento que lo consigue con mucha dificultad.
En este proceso, casi siempre, se pierden la fantasía de la infancia y la capacidad de soñar de la adolescencia. Sin duda alguna, la inmensa mayoría de los seres humanos nos convertimos en seres solitarios, llenos de proyectos incumplidos, de verdades inexactas, de amores incomprendidos, de obligaciones rutinarias; y por tanto, de realidades crudas e inciertas…
Fuente: ATNA
Si repente, llega a estas vidas una actividad artística que es capaz de despertar la fantasía y la capacidad de soñar que han dejado años atrás, renace la poesía escondida en estas almas que luchan día a día contra molinos de viento que las golpean a cada momento.
No se puede dejar morir la poesía, los sueños, la fantasia que a veces tenemos la suerte de reencontrar porque sería asesinar a un niño que ha vuelto a la vida después de muchos años de ausencia… Sin embargo… ¿A ALGUIEN LE IMPORTA ESTE HOMICIDIO ESPIRITUAL…?